El amor transformado

En días pasados compartí el artículo de Benito Taibo  acerca de las relaciones de los jóvenes que pasan ahora por WA y otras redes sociales, donde el autor daba su interpretación del contexto a partir de una experiencia con su sobrino adolescente.

¿Es que acaso la búsqueda de la pareja y del romance ya no forman parte de la esencia de la juventud como nosotros los que ahora adultos solemos creer?

No es reciente el interés que psicólogos, sociólogos, sexólogos y otros especialistas han mostrado acerca de la «nuevas formas de relación» «las nuevas manifestaciones del amor», simplemente el célebre libro de Zygmunt Bauman Amor líquido data de 2003.

Pero lo avasallante del cambio en los estilos de relaciones humanas debido al uso de las redes sociales (que en la época del texto de Bauman aún no se consolidaban) impacta y sorprende a quienes somos forasteros en el mundo virtual en el cual convivimos, trabajamos y nos divertimos no sin la nostalgia de las antiguas prácticas.

Así que para no especular me di a la tarea de preguntarle a mis estudiantes su opinión sobre el texto de Taibo y su propia vivencia al respecto. En general existe una coincidencia de opiniones sobre el hecho de que la vida social pasa por las redes sociales, la existencia y la sobrevivencia en el grupo de pares depende en gran medida del uso de éstas.

Para algunos el uso de las redes como nuevos rituales de relación parece no ser tan agradable, pero sí práctico: por una parte gracias a la posibilidad del contacto inmediato, del uso del mensaje como una forma de extender el encuentro, ya no se siente la ausencia del otro; y por otra resulta cómodo, está a la mano, no requiere mayor esfuerzo que cargarle 20 pesos de crédito al celular.

No obstante, esta búsqueda de contacto es más bien superficial porque (y en eso también coinciden) es real la tendencia a no ir más allá, a no querer responsabilidades ni compromisos. Es decir, a no establecer un vínculo profundo, a lo cual algunos se adaptan mejor que otros, como en todas las épocas, porque lo que le va bien a la mayoría no necesariamente aplica para todos.

«Realmente creo que entre más adiestramos a nuestros dedos a moverse tan rápido en el teclado, nos perdemos de la posibilidad de interactuar realmente con las personas» comenta una estudiante de derecho, quien añade que las charlas rápidas en el teléfono han hecho perder el disfrute de los pequeños detalles de las charlas del mundo real.

Lo que vale la pena preguntarnos no son tanto las formas o los medios que se utilizan ahora, valdría la pena indagar sobre los nuevos significados, las nuevas representaciones del amor, la amistad, la pareja, la escuela; un estudiante de comunicación habló de una nueva fraternidad. Entonces, ¿qué representa en lo profundo del ser la vida virtual? ¿Acaso estas relaciones son realmente tan banales? ¿Cómo las recordaran nuestros jóvenes en el futuro?

Retomando la pregunta inicial, me arriesgo a decir que la necesidad de la comunicación, de compartir con el otro, del vínculo afectivo persiste, sólo que resignificada. En la práctica se presenta sin la sobreactuación del pasado,  con la simpleza y la velocidad actuales, tal vez haya que buscar un punto medio.

2 comentarios en “El amor transformado

  1. Mmmm… ¿qué te puedo decir? Deserté de las redes sociales hace ya casi dos años, entre otras cosas, precisamente por eso: todo tipo de relaciones (no sólo las de pareja, sino las familiares, las amistades, etc) TODAS se vuelven superficiales cuando cambias la calidez de un abrazo por un «Like» o un smilie que muchas veces no corresponde con lo que la persona quiere decir (siquiera teniéndola de frente es más factible leer sus gestos y lenguaje corporal). El problema en sí no es tanto que las redes se usen, sino que las personas ya no se ven, sino que ahora todo lo que se sabe es porque lo vieron en Face, en Twitter, etc. Y las personas ya no se extrañan porque al verlas en las redes o en Whats, das por hecho que están ahí contigo aunque en realidad estén en otro lado

    Escribí al respecto (de las redes sociales) en mi blog. Te invito a que leas mi letanía en 6 partes jejeje. http://mqiknyrl.blogspot.mx/2014/06/por-que-decidi-cerrar-mi-facebook-y-mi.html

    Añado que me sorprenden un poco las respuestas de tus alumnos: están plenamente conscientes de los detalles que se pierden al vivir una relación a través de las redes (y hablan en términos de «pérdida del disfrute» así que yo pensaría que hasta cierto punto lo extrañan, ¿no?)… pero la próxima vez pregúntales si alguno se atrevería a dejar esas redes para vivir en el disfrute del mundo real que saben que se están perdiendo.

    Decía sabiamente St. Exupéry:
    «– Qu’est-ce que signifie « apprivoiser » ?
    – C’est une chose trop oubliée. Ça signifie « créer des liens… »
    – Créer des liens ?
    – Bien sûr, dit le renard. Tu n’es encore pour moi qu’un petit garçon tout semblable à cent mille petits garçons. Et je n’ai pas besoin de toi. Et tu n’as pas besoin de moi non plus. Je ne suis pour toi qu’un renard semblable à cent mille renards. Mais, si tu m’apprivoises, nous aurons besoin l’un de l’autre. Tu seras pour moi unique au monde. Je serai pour toi unique au monde…» (Le Petit Prince, XXI)

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    1. Saludos Cuicani,
      Creo que la cita de Saint-Exupéry resume la situación, la creación de lazos como parte esencial de lo humano está distorsionada.
      Los jóvenes están conscientes de lo incompletas de sus relaciones vía whatsapp o similares, pero lo cierto es que no hacer uso de ellas los «borra del mapa» lo cual resulta paradójico.
      Yo uso las redes y me agrada poder contactar amistades lejanas pero no cambio un mensaje de texto por el sonido de su voz en una llamada o un abrazo en persona (aunque sea muy esporádico).
      Leeré con gusto tu blog.

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